Iglesias Cristianas de Dios

 

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Los Orígenes de la Navidad e de las Pascuas Floridas [235]

(Edición 1.0 19980117-19980117)

 

 

Los Cristianos han sido condicionados aceptar que la Navidad y la Semana Santa forman parte de la tradición Cristiana. El hecho es que ninguna de esas fiestas es Cristiana. Ambas tienen sus raíces en los cultos del Misterio, las Saturnales, la adoración del sistema de la diosa Madre y la adoración del dios Sol. Son directamente contrarias a las leyes de Dios y a Su sistema.

 

 

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Los Orígenes de la Navidad e de las Pascuas Floridas [235]

 


El así llamado Cristianismo moderno celebra dos festivales principales: la Navidad y la Semana Santa o las Pascuas Floridas. Uno en diciembre y el otro en marzo-abril. La Biblia no celebra ninguno festival religioso en diciembre. El festival de marzo-abril que la Biblia ordena de observar se llama la Pascua. Cae en marzo-abril, pero no se llama las Pascuas Floridas o Semana Santa y no corresponde al día determinado por los cálculos para las Pascuas Floridas.

 

Lo que es aun más importante es que otros festivales ordenados por la Biblia no son observados. Además, a pesar de que es ordenado por el cuarto mandamiento, el Sábado no es observado, en cambio sí lo es, en su lugar, el día del Sol. ¿Cómo llegó esto a suceder? ¿Cuál es el origen de todo esto? ¿Es bíblico y es Cristiano? Las respuestas se encuentran en la Historia y son fascinantes.

 

La Navidad

 

Las Saturnales

 

Un festival era celebrado en diciembre en Roma. Su conocimiento es necesario para comprender lo que sucede en la Navidad. Este festival se llamaba las Saturnales. Era la fiesta dedicada a Saturno, a quien los habitantes de Latium, los Latinos, le atribuían la agricultura y las artes necesarias para la vida civilizada (Dictionary of Greek and Roman Antiquities (Diccionario de las Antigüedades Griegas y Romanas) de Smith, 2ª ed., Londres 1851, p. 1009). Caía hacia fines de diciembre y era vista por la población como un tiempo de alegría y de relajación absoluta. Mientras duraba, cerraban las cortes de justicia y las escuelas también. Comenzar una guerra era impío y castigar a un malhechor una afrenta (Ibíd.). Los esclavos eran aliviados de las tareas desagradables y estaban autorizados a llevar el pileus o insignia de la libertad. Se les acordaba la libertad de palabra y sus amos les atendían en un banquete especial, vestidos con el ropaje de sus esclavos (Ibíd.) Todas las clases sociales se libraban a festividades y al regocijo, con intercambio de regalos entre amigos.

 

Los más pobres regalaban velas de cera finas a sus superiores. La muchedumbre llenaba las calles y Smith dice que muchas de las costumbres se parecían notablemente a las de la Navidad y las del Carnaval italiano (Ibíd.).

 

Los juegos de azar eran tolerados por las autoridades. Más tarde, incluso los más estrictos se permitían jugar cartas la víspera de Navidad. El pueblo dejaba de lado la toga, se ponían un vestido flotante llamado la síntesis y caminaban con el pileus sobre sus cabezas. El diccionario de Smith dice que esta práctica recuerda los dominós, los gorros puntiagudos y los otros disfraces que se llevaban en festivales posteriores de Navidad para las mascaradas y los mimos. Los cerei o velas de cera finas y las luces eran usadas probablemente como los moccoli la última noche del festival. Nuestras tradiciones de las luces de Navidad provienen probablemente de esta práctica. Finalmente, para el entretenimiento de la sociedad privada, se elegía un falso rey que era inmediatamente reconocido en la ceremonia de la Duodécima Noche (Ibíd.). Ya hablaremos de esto más adelante.

 

Sir James George Frazer, en su clásico estudio de la magia y de la religión (The Golden Bough, McMillan, 1976), dice que este falso rey era una alusión a los días idílicos del reino de Saturno y que la costumbre de dar una libertad provisoria a los esclavos, en ese momento, se hacía en recuerdo de los días en donde todos eran libres y las cosas eran justas (Ibíd., ix, p. 308 y sig.). Durante el reino de Maximian y de Diocleciano, los soldados romanos apostados en el Danubio habrían tenido la costumbre (de acuerdo con Franz Cumont) de escoger al azar entre ellos a un bello joven para personificar a Saturno, treinta días antes del festival. Lo vestían con un traje real para hacerlo parecerse a Saturno. Enseguida se mostraba en público con un séquito de soldados, y cedía a sus pasiones sin importar a qué punto éstas fuesen bajas y vergonzosas. Al fin de los treinta días, él se cortaba la garganta sobre al altar del dios que había personificado. En el año 303, el azar cayó sobre el soldado Cristiano Dasius, pero se negó a jugar el papel del dios pagano y de manchar sus últimos días con el desborde. Rehusó de ceder a la intimidación de su comandante Bassus. En consecuencia, fue decapitado por el soldado Juan en Durostorum, el viernes 20 de noviembre del 303, o sea el vigésimo cuarto día de la luna, en la cuarta hora (Frazer, Ibíd.).

 

Este relato histórico fue confirmado, después de su publicación por Franz Cumont, por el descubrimiento en la cripta de la catedral de Ancona del sarcófago de mármol blanco que contiene textos característicos de la época de Justiniano con la siguiente inscripción en griego:

 

Aquí yace el santo mártir Dasius, traído desde Durostorum.

 

El sarcófago había sido traído hasta ahí desde la iglesia de San Pellegrino en 1848, en donde permanecía bajo el altar principal y que hay registro de haber estado ahí ya en 1650 (Frazer, p. 310).

 

Frazer dice que eso pone una nueva luz sobre la naturaleza del Señor de las Saturnales, el antiguo Señor de la Anarquía, que presidía las festividades de invierno, en Roma (Ibíd., p. 311). Vemos aquí la extensión de las tradiciones y los elementos de sacrificio humano que se encuentran en los festivales ya sean en diciembre o en el equinoccio. El Cristiano Dasius prefirió sufrir el martirio a participar en esas festividades.

 

Dado que Saturnius era un antiguo dios nacional de Latium, la institución de las Saturnales se pierde en la lejana antigüedad (Ibíd.).

 

Hay tres tradiciones asociadas al festival.

 

  1. Se le atribuye a Janus quien, con la repentina desaparición de su bienhechor de los hogares de los hombres, le construyó un altar, como a una deidad en el foro, y prescribió sacrificios anuales.

 

  1. Según Varro, se atribuye a los vagabundeos de Pelasagi cuando llegó a Italia. Se dice que a su retorno de España, Hércules habría entonces suprimido la adoración y la práctica de inmolar sacrificios humanos.

 

  1. Le tercera tradición atribuye las Saturnales a los discípulos de Hércules, quienes lo habrían establecido después de su regreso a Grecia.

 

En las dos últimas tradiciones, vemos puntos en común. La práctica de este festival agrícola también tiene elementos comunes con el festival de la primavera de las Pascuas Floridas (Semana Santa), como lo veremos más adelante. El elemento del sacrificio humano, común a todas las tradiciones, puede también ser relacionado con la adoración de Moloch, como el dios Luna, Sin (Pecado), y también de Ishtar (ver el estudio El Becerro de Oro [222]). Este aspecto sacrificatorio se encuentra también en la adoración del dios Attis (ver más adelante).

 

La erección de templos en los tiempos históricos era registrada, como durante el reino de Tatius, Tarquinius el Soberbio, hasta el consulado de A. Sempronius o de M. Minucius (497 AEC) o él de T. Larcius, el año anterior. Parece que las ceremonias fueron más o menos dejadas de lado o corrompidas y que más tarde fueron reavivadas y extendidas (Ibíd.).

 

Las Saturnales se hacían, al origen, el 14 de enero Calendas. Cuando el calendario Juliano fue introducido, se prolongaron hasta el 16 de enero Calendas, lo que causó confusión entre los más ignorantes. Augustus ordenó que tres días completos (a saber el 17, 18 y 19 de diciembre) debían ser santificados al avenir (Ibíd.). Una autoridad desconocida agregó un cuarto día y Calígula agregó un quinto día, el Juvenalis. Cayó en desuso, pero fue restablecido más tarde por el emperador Claudius.

 

En verdad, un solo día era consagrado a la observancia religiosa durante los días de la República. Sin embargo, las celebraciones se extendían por un período mucho más largo. Históricamente, Livy habla del primer día de las Saturnales (L. xxx, 36). Cicerón escribió sobre el segundo y tercer días (ad Att., v 20; xv 32). Novius (Attelanae) utilizó el término los siete días de las Saturnales y esta expresión fue utilizada también por Memmius (Macrobius, i, 10) y Marcial (xiv, 72; ver Smith, Ibíd.). Marcial habla también de los cinco días ordenados por Calígula y Claudius.

 

Estos cinco días tienen además una antigua significación en relación con el calendario.

 

Smith dice que, en realidad, tres festivales eran celebrados durante este período.

 

·        Las Saturnales como tales comenzaban el 17 de diciembre (16 de diciembre Calendas).

·        Eran seguidas por la Opalia (el 14 de enero Calendas o el 19 de diciembre) que, antes, coincidía con las Saturnales. Juntas, duraban cinco días. Este festival era celebrado en honor a Opis, que era la supuesta mujer de Saturno. Al origen, se celebraba el mismo día. El tema de la diosa Madre y de la amante se hace entonces evidente en los orígenes de este festival. Vamos a encontrar este tema en todas partes. Los discípulos de Opis pagaban sus votos sentándose en el suelo tocando la tierra de la cual ella era la diosa (Smith, Ibíd., art. Opalia, p. 835).

·        Los días sexto y séptimo eran ocupados por las Sigilarias, que fueron así nombradas por las figuras de porcelana que se vendían durante el período, como juguetes para ser dados en regalo a los niños.

 

El período iba entonces, bajo el calendario Juliano, del 17 de diciembre al 23 de diciembre, cuando se repartían los regalos a los niños.

 

Seguiremos ahora examinando más en detalle la teología detrás de estos festivales. Los puntos comunes de las tradiciones de estos festivales son demasiado evidentes para ser ignorados.

 

La Virgen Celeste como la Diosa Madre

 

Frazer nota que:

 

La adoración de la Gran Madre de los Dioses y de su amante o hijo era muy popular en el Imperio Romano (v, p. 298 y sig.)

 

De la inscripción, sabemos que ambos [en tanto la Madre y el amante o la Madre y el hijo] recibieron honores divinos, no sólo en Italia, sino en todas las provincias – particularmente en África, España, Portugal, Francia, Alemania y en Bulgaria (Ibíd.). Su adoración sobrevivió al establecimiento del Cristianismo por Constantino.

 

El simbolismo de la Virgen Celeste y del niño pequeño, desfilado cada año, no es por lo tanto de origen Cristiano. Proviene de la religión de la diosa Madre que es muy antiguo. Ya hablaremos del tema.

 

Frazer menciona que Simacus ha citado al festival de la Gran Madre. En la época de San Agustín, sus sacerdotes afeminados todavía desfilaban por las calles y plazas de Cartago y, como los frailes mendigos de la Edad Media, pedían limosna a los pasantes (Ibíd., ver S. Dill, Roman Society in the Last Century of the Western Empire (La sociedad romana en el último siglo del imperio occidental), Londres, 1899, p. 16; y Agustín, City of God (Ciudad de Dios), vii, 26).

 

Por su parte, los griegos desecharon los ritos más bárbaros a favor de los ritos parecidos, pero más recatados, de la adoración de Adonis (Ibíd.).

 

Frazer dice que las características que escandalizaban y les eran grotescos a los griegos eran justamente aquellas que atraían a los romanos y a los bárbaros del Occidente (Ibíd., p. 298-299).

 

Los frenesís extasiados, que eran tomados como una inspiración divina, las mutilaciones del cuerpo y la teoría de un nuevo nacimiento y de la remisión del pecado por el derramamiento de sangre tienen todos su origen en la salvajería (Ibíd.).

 

Frazer sostiene que su verdadero carácter estaba a menudo disfrazado bajo un velo convenible de alegoría y de interpretaciones filosóficas que llevaban a los más cultos entre ellos a hacer cosas que, en otras circunstancias, los habrían llenado de horror y asco. El movimiento Pentecostista moderno tira su inspiración de las ideas detrás de estos festivales religiosos.

 

La religión de la Gran Madre era sólo una entre una multitud de creencias orientales parecidas, que se fueron repartiendo a través del Imperio Romano y que se impusieron a los europeos. Según Frazer, esto minó gradualmente a todo el tejido social de la antigua civilización.

 

Las sociedades griegas y romanas estaban enteramente basadas en el concepto de la subordinación del individuo al Estado y la vida de cada uno estaba consagrada por entero a la perpetuación de la sociedad. Si un individuo no estaba dispuesto al sacrificio supremo, todos suponían que había actuado por razones viles.

 

Por su parte, la religión oriental enseñaba lo contrario de esta doctrina. Ésta inculcaba la comunión del “Alma” con Dios y su salvación eterna como razones de la existencia. En comparación, la prosperidad e incluso la existencia del Estado no tenían mayor importancia.

 

La consecuencia inevitable de esta doctrina egoísta e inmoral fue de alejar cada vez a más individuos del servicio público y de crear en él un desprecio por la vida del presente.

 

El uso impropio de estas doctrinas del misterio o religiones orientales y su aplicación al Gnosticismo, cuando se aplica a la narración bíblica de la Ciudad de Dios, como edificio espiritual, había de tener consecuencias desastrosas para el orden de la sociedad. Su efecto fue de desatar los vínculos familiares y del Estado y, en general, de desarmar el cuerpo político del estado. La sociedad tuvo tendencia a caer en sus elementos individuales y, así, en la barbarie. La civilización es posible solamente a través de la cooperación activa del individuo y por la subordinación de los intereses del individuo al interés común (Ibíd., p. 301).

 

La gente se negaba a defender a su país e incluso a agrandar su familia por el celibato ascético (Ibíd., ver también los estudios El Vegetarianismo y la Biblia [183]El Vino en la Biblia [188]).

 

Frazer dijo que esta obsesión existió durante mil años. Dice que esto cambió sólo al final de la Edad Media, con la retoma de la ley romana, de la filosofía aristotélica y del arte y la literatura antiguas, por visiones más sanas y viriles del mundo. El hecho del asunto es que si el verdadero modelo bíblico hubiese sido puesto en práctica, tales problemas no habrían existido. El problema resultó de los Misterios Orientales combinados con el sistema Gnóstico, que es más extendido hoy. Frazer ha sostenido que la marea de esta invasión oriental había al fin cambiado y que ahora estaba retrocediendo. Se equivocó en este aspecto, aunque él admite que también un mal gobierno y un sistema fiscal en ruinas sean dos causas principales que destruyen las civilizaciones, como lo hicieron con el Imperio Turco en su momento.

 

Examinaremos ahora los efectos de la religión de la Gran Madre y del sistema Mitra y sus aplicaciones bajo la influencia Gnóstica en el Cristianismo, para demostrar que están siempre presentes, tan fuertes como nunca, pero bajo formas más sutiles. Sin embargo, muchas de sus idiosincrasias tradicionales son las mismas.

 

Mitra

 

Uno de los dioses que rivalizó por la adoración del Occidente fue la deidad persa Mitra. La inmensa popularidad de este culto no debería ser subestimada. Los monumentos dedicados a este sistema están dispersos por todo el Imperio Romano, y hasta en Europa (un mapa de la extensión de los monumentos se encuentra en The Origins of the Mithriac Mysteries (Los orígenes de los misterios Mitríacos) de David Ulansey, Oxford, New York, 1989, p.5).

 

Era un culto secreto cuyos misterios no se ponían nunca por escrito. Por lo mismo se conoce poco acerca de su ritual exacto, excepto lo que podemos deducir de sus lugares de adoración y de sus edificios religiosos. Sin embargo, sabemos que tenían dos formas de adoración. La forma privada y secreta era el Mitraísmo. Pero, la forma pública era el Elagabalismo y de este sistema sabemos más. Ambos estaban basados en la adoración del Sol.

 

La mayoría de su religión se parecía a la religión de la Madre de los Dioses y, también, a lo que más tarde se convirtió en el Cristianismo (ver Frazer, Ibíd., p. 302). La similitud asombró a los propios doctores Cristianos y les fue explicada como siendo la obra del Diablo, una falsificación de la verdadera fe (ibid.). Tertuliano explicó cómo los ayunos de Isis y de Cibela eran parecidos a los ayunos del Cristianismo (De jejunio 16).

 

Justino Mártir explica cómo la muerte, la resurrección y la ascensión de Dionisius, el nacimiento de Perseus de la virgen y Belerofón montando sobre Pegasus eran parodias de verdaderas historias Cristianas, escritas de antemano por los demonios, incluyendo la historia de Cristo montado a lomo de asno, y que estaba contenida como una profecía en los Salmos (ver Apol., i, 54).

 

El conflicto entre el Mitraísmo y el Cristianismo era tan grande que, por un tiempo, el resultado fue incierto. El hecho del asunto es que el resultado fue decidido adoptando sus prácticas y dándoles nombres Cristianos. La reliquia más importante de este sincretismo pagano es la Navidad, que Frazer dice que la Iglesia parece haber tomado prestada directamente de su rival pagano (Ibíd., p. 303).

 

El ejército se hizo adepto de Mitra y es evidente, en los registros relacionados con Dasius, que las Saturnales eran observadas en conjunción con la adoración de Mitra. Así, las Saturnales precedían simplemente el festival del solsticio y se transformaron en una parte de éste.

 

La Navidad y la Virgen Celeste

 

En el calendario Juliano, el 25 de diciembre era reconocido como el solsticio de invierno (Frazer, Ibíd., p. 303; ver Pliny, Natural History, xviii, p. 221). Era considerado como la natividad del Sol, pues los días comenzaban a alargarse y su poder aumentaba a partir de ese punto clave del año.

 

Frazer sostiene que el ritual de la natividad, tal como era celebrado en Siria y en Egipto, era notable. Los celebrantes se retiraban a lugares santos interiores y, a medianoche, lanzaban un gran grito, ¡La Virgen parió! ¡La luz crece! (Ibíd., ver Cosmas Hierosolymitanus, ver n. 3 a p. 303). Los egipcios representaban incluso al sol recién nacido con una imagen de un bebé que exhibían a los fieles, en su aniversario (el solsticio de invierno) (Ibíd., ver Macrobius, Saturnales, i, 18, 10).

 

Frazer dijo:

 

No existe duda alguna de que la Virgen, que ha dado, así, nacimiento a un hijo el veinticinco de diciembre, era la gran diosa Oriental que los semitas llamaban la Virgen Celeste o, simplemente, la Diosa Celeste; En los territorios semíticos, ella era una forma de Astarte (Ibíd., citando Franz Cumont s.v. Caelestis en la Real-Encyclopäedie der classischen Altertumswissenschaft de Pauly-Wissowa, v, 1, 1247, y sig.).

 

Es el origen de la doctrina de la virginidad perpetua de la madre de Jesucristo. No tiene base alguna en la Biblia o en los hechos. La madre de Cristo no se llamaba María y la Biblia dice claramente que ella tuvo otros hijos. Ya volveremos a este mito más adelante.

 

La Leyenda de los Tres Reyes

 

El 25 de diciembre era un antiguo festival de adoración del Sol y los tres reyes que le están asociados no parecen haber estado relacionados con los sabios del Este en el relato bíblico. En cambio, parecen más bien tal vez, tener algo que ver con una tradición más antigua con los llamados doce días de Navidad. La secuencia de los Doce Días está asociada a los tres reyes en Francia, España, Bélgica, Alemania y Austria. Sus nombres son Gaspar, Baltazar y Melchor. En Alemania y en Austria, es conocido como el Día de los Tres Reyes (Dreikonigstag) y, en Francia, como la Fiesta de los Reyes (Fête des Rois). Los reyes visitan ciertos sectores acompañados de mimos que cantan canciones y que piden a los propietarios. Se les da una base Cristiana, pero no hay base alguna en la Biblia para suponer que había tres personajes (aparte de los tres tipos de regalos) o que fuesen reyes. Son llamados magos u hombres sabios. Eso parece tener otra base (ver Frazer, ix, p. 329). Según las costumbres en la Franche-Comté (Francia) y en las montañas Vosges (Francia también), supuestamente Melchor era un rey negro y el rostro del joven que lo personifica está ennegrecido (Ibíd., p. 330). Estos reyes son invocados para las curas con rituales que implican tres clavos situados en la tierra. Aquello suena como los sistemas trinos de los Celtas en Francia, mucho tiempo antes del sistema Cristiano.

 

En la Bohemia checa y alemana, rituales de fumigación y especias eran usados el duodécimo día. Las iniciales G.M.B. (Gaspar, Melchor y Baltazar) con tres cruces eran marcadas en las puertas después de la fumigación para protegerse contra las malas influencias y las enfermedades infecciosas. Eran invocados con las palabras oren por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

El Señor de la Anarquía y el Rey de la Judía

 

En esta tradición, vemos también al Señor de la Anarquía aparecer entre las tradiciones. El período entero de tiempo era de la víspera de Todos los Santos (31 de octubre, la víspera de Todos los Santos) hasta Chandeleur (2 de febrero). Generalmente, estaba limitada a los doce días del período de la Navidad, llamado las doce noches. El Señor de la Anarquía era elegido entre la Corte del Soberano en Inglaterra, por cada oficina del país. Este Señor de la Anarquía era también elegido en la Universidad Merton de Oxford, como el Rey de la Judía (ver Frazer, ix, p. 332).

 

El Festival de los Imbéciles

 

En Francia, los homólogos de los Señores ingleses de la Anarquía hacían la mascarada haciendo de falsos sacerdotes, obispos, arzobispos, papas o abates. Se conocía como el Festival de los Imbéciles y era celebrado, ya sea el día de Navidad, el día de San Esteban (el 26 de diciembre), el día de Año Nuevo o el Duodécimo día, según el lugar.

 

Durante ese tiempo, había parodias de los ritos más solemnes de la iglesia, en las cuales los sacerdotes llevando máscaras y a veces vistiendo de mujer, danzaban en el pupitre y cantaban canciones obscenas; Laicos disfrazados de monjes se mezclaban con los clérigos y el altar era transformado en taberna, donde los diáconos y los subdiáconos comían salchichas y salchicha de sangre o jugaban a los dados y a las cartas bajo la nariz de los celebrantes. Los incensarios eran llenados con restos de viejos zapatos, llenando la iglesia de una hediondez espantosa.

 

En algunos sectores de Francia, por ejemplo en el Autún, un asno era conducido a una iglesia en donde se decía una parodia de la misa. Se decía una liturgia normal en latín y el cura que la celebraba mugía como un asno (Frazer, p. 334-335).

 

En Beauvais, el 14 de enero, una joven mujer con un niño en los brazos montaba a lomo de asno, imitando supuestamente la huída de Egipto. Ella era conducida en triunfo desde la catedral hasta la iglesia de la parroquia de San Esteban, en donde ella y el asno eran ubicados al lado izquierdo del altar. Se decía una misa larga, consistiendo en fragmentos sacados al azar de varios servicios de iglesia durante el año. Tanto los cantantes como la congregación apaciguaban su sed en el intervalo y el asno era alimentado y regado. Luego, el asno era conducido del coro a la nave, donde la congregación entera, los clérigos y los laicos, danzaban alrededor mugiendo como asnos. Después de las vísperas, un gran cortejo iba a un gran teatro, frente a la iglesia, en donde asistían a farsas indecentes.

 

Todo eso es recordativo de los ritos, en África del Norte, de los sacerdotes afeminados del sistema de la Diosa Madre y de las Saturnales. Frazer dice que no hay ninguna prueba directa que uno sea derivado del otro, pero las Saturnales, con la licencia que las caracteriza y el reino provisorio de un rey falso, los hace parecer así (ix, p. 339). Estas tradiciones fueron observadas hasta el siglo diecinueve, cuando la Inglaterra Victoriana y la Francia Napoleoniana, después de la Revolución, de cierta manera las suprimieron. Fueron reemplazadas, como ya lo veremos, por otra forma de los mismos errores. Gran parte de la locura moderna proviene de los Estados Unidos y de su mercantilismo.

 

Los Doce Días de Navidad, las Tartas, las Judías y el Dinero

 

El Rey de la Judía está asociado también al Festival de los Imbéciles en Francia y existe un significado más antiguo. El Festival de los Imbéciles continúa hasta el Duodécimo día de Navidad (la Duodécima Noche es la noche del 6 de enero). La víspera, que es el 5 de enero y por lo tanto la Epifanía del 6 de enero, marca el fin de los dos períodos de las festividades anteriores a la Navidad, que están asociadas a las Saturnales y al sistema del Sol que comienza en el solsticio, el 25 de diciembre, y continúa hasta el 5 de enero.

 

En algunos sectores, el rey tiene una reina esposa; ambos tienen una significación agrícola y parecen también tener una relación con los ritos de las Saturnales.

 

El rey y la reina eran elegidos al azar en la Duodécima Noche (es decir, la Epifanía, el 6 de enero) o la víspera de este festival, el 5 de enero. Esto era común en Francia, en Bélgica, en Alemania y en Inglaterra. Es aun celebrado en algunas partes de Francia. La Corte sabía de esta práctica y cada familia escogía a su propio rey. En la víspera del festival, una gran tarta con una judía en su interior era cocinada. Se la dividía en porciones – una por cada miembro de la familia; una para Dios, una para la Virgen Celeste y, a veces, una para el pobre. La persona que tenía la porción con la judía era proclamado el Rey de la Judía (Frazer, ix, p. 313). A veces, una segunda judía era puesta en la tarta para elegir a la reina. En Blankenheim, cerca de Neuerbourg, en el Eiffel, una judía negra y una blanca eran cocinadas en la tarta – la negra para el rey y la blanca para la reina. En la región de la Franche-Comté, tenían la costumbre de poner en un sombrero tantas judías blancas como personas estaban presentes. Dos judías coloreadas eran incluidas y tomadas al azar por un niño. Los que recibían las judías coloreados eran el rey y la reina.

 

En Inglaterra, la práctica consistía en poner en el sombrero una judía para el rey y una arveja para la reina. Sin embargo, en ciertos lugares, solamente el rey era elegido al azar y él escogía luego a su propia reina. A veces, una pieza de moneda substituía a la judía en la tarta. Esta tradición era seguida en Alemania del Sur, tan temprano como la primera mitad del siglo dieciséis. Frazer la considera, sin embargo, como una variación de la judía antes mencionado. Eso demuestra bastante claramente que la tradición de poner piezas de moneda en el pudín de Navidad proviene de esta tradición de tiempos precedentes.

 

En Francia, el niño joven que estaba presente era ubicado bajo una mesa. Se le llamaba Febo o Tebo y él respondía Domine en latín. Las porciones de la tarta eran distribuidas según las directivas del niño. La etimología ha sido atribuida al oráculo de Apolo por ciertos eruditos. Frazer piensa que puede simplemente ser derivada del término para judía (faba en latín).

 

Cada vez que el rey o la reina bebían, la asamblea gritaba el rey o la reina bebe y todos hacían lo mismo. Si alguien no lo hacía, se le ennegrecía la cara con corchos u hollín o con borra de vino. En ciertas partes de las Ardenas, la práctica consistía en atar grandes cuernos de papel en sus cabellos y ponerles unos anteojos enormes sobre la nariz. Lo llevaban hasta el fin del festival. Es probablemente el origen del gorro de asno.

 

Todavía se celebra en el norte de Francia, donde una figurín de porcelana en miniatura se substituye a la judía y es sacada al azar por un niño. Si es sacada al azar por un niño varón, él escoge a una reina y en el caso de una niña, ella escoge a su rey.

 

Estos reyes y estas reinas ponían unas cruces blancas sobre las vigas del techo de sus casas para alejar a los duendes, brujas e insectos. Algunos aspectos de esta costumbre tenían, sin embargo, un significado más serio. En Loraina, se decía que la altura de la cosecha de cáñamo estaba determinada por la altura del rey y de la reina. Si el rey era más grande, el cáñamo macho sería más alto que la planta hembra y viceversa. En las montañas de las Vosges, en la frontera con Franche-Comté, se observaba la práctica de danzar sobre el techo para que el cáñamo creciera más alto.

 

En muchos sectores, las judías usadas en las tartas eran consideradas benditas por el clérigo y la adivinación era empleada la Duodécima Noche, para determinar el mes del año durante el cual el precio del trigo sería el más elevado.

 

La práctica de prender fogatas todavía se usa en algunas regiones y, en la época en la que Frazer escribió, aun se practicaba en la montaña de Doubs, en la víspera de la Duodécima Noche (ix, p. 316). Se hacía supuestamente para asegurarse de la fertilidad de la cosecha. Parece haber una relación definida y probablemente lejana con los festivales paganos de Navidad.

 

Mientras se quemaba la fogata, la gente danzaba alrededor cantando: ¡Buen año vuelve, pan y vino volved!

 

Los jóvenes de Pontarlier iban con antorchas por las tierras sembradas gritando cuá, cuá, blanconía; su significado está perdido en la antigüedad.

 

En el Boscaje de Normandía, eran los árboles frutales los que eran quemados ese día. Estos fuegos titilaban a lo lejos por todas partes, los campesinos celebraban la Ceremonia de las Marmotas y de los Ratones de Campo (Topos y Musarañas). Las aldeas rivalizaban para saber cuál tendría la fogata más grande e iban por bosques y hayas para recoger material. Recorrían los campos amenazando a las marmotas y a los ratones de campo y, de esa manera, creían que la cosecha sería más grande para el otoño.

 

Los fuegos de la víspera de la Epifanía también fueron observados en las Ardenas. Es útil observar aquí las costumbres en lo que respecta a los festivales de la diosa Hecate en Roma y en Europa en general, y la implicación de los campos y de las cruces en estos (ver el estudio La Cruz - Sus Orígenes y Su Significación [039]). Costumbres de fogatas similares se encuentran en el Reino Unido en Gloucester y en Hertfordshire, con los doce fuegos al fin de las doce tierras (Gloucester) concebidos para impedir las pequeñas suciedades en el trigo. Un decimotercero fuego, más grande, es prendido en ambos casos – esta vez sobre una colina (Frazer, ix, p. 318).

 

Esta tradición de hacer doce fuegos de paja y de brindar con cidra o cerveza se llama Wassailing y es antigua. En algunas regiones, unos toros eran asados en este extraño ritual; una tarta era ubicada sobre los cuernos del toro principal, y enseguida se hacía caer mientras se le hacían cosquillas al toro.

 

La explicación de la práctica de hacer estos fuegos, particularmente el más grande, se encuentra en el examen de la práctica no sólo en el Reino Unido y en Francia, sino en Macedonia. Los grandes fuegos eran para quemar a las brujas y a los malhechores que erraban por los campos en la noche. Eran llamados karkantzari o skatzanzari por los macedonios. Eran controlados atados con una cuerda de paja. Retomaban su forma humana durante el día. Durante los doce días de la Navidad, debían ser sobrepasados por un esfuerzo vigoroso. En algunos lugares, esto empezaba le Víspera de Navidad y en otros continuaba o se hacía la Duodécima Noche.

 

La Víspera de Navidad, algunas personas quemaban los karkantzari quemando vigas de encina y las botaban a la calle al alba. De nuevo, tenemos en esto una referencia a los festivales de Navidad de los Druidas. Las vigas de roble posteriores eran vestigios de la combustión del leño mencionado.

 

En Irlanda, erigen unos fardos de avena. Se hace en Roscommon, en donde consideraban que la Duodécima Noche, que es el Antiguo Día de Navidad, es más importante que el día mismo de Navidad (Frazer, ix, p. 321).

 

Colocan trece velas en el fardo, doce más pequeñas y una más grande al centro, y atribuyen estas a los apóstoles de la Cena del Señor, pero esto se hace en la Navidad y no en la Pascua. Trece velas con mecha de junco, llamadas por cada miembro de la familia (o de conocidos para completar el número), son colocadas en tartas de excrementos de vaca y quemadas para determinar cuánto vivirá cada persona (ix, p. 322).

 

Los Orígenes de las Velas

 

El uso de velas se remonta a la antigua religión aria, que las utilizaba en la ceremonia de Navidad para adornar los dioses del trueno y de la tempestad (Frazer, x, p. 264 (n. 4) y también p. 265). Eran prendidas y atadas al roble sagrado (Ibíd., ii, p. 327).

 

En algunos lugares (Rutenia y en Europa, generalmente), eran usadas por los asaltantes y ladrones para causar el sueño (Frazer, i, p. 148-149) y, en este caso, eran hechas de grasa humana (Ibíd., i, p. 236). Partes de la anatomía humana eran también usadas como bujías o huesos humanos eran llenados con la grasa de hombres que habían sido ahorcados (Ibíd., p. 149). A veces las velas eran hechas con los dedos de recién nacidos o, lo que era preferible de acuerdo con ellos, de fetos. Tan recientemente como en el siglo diecisiete en Europa, los ladrones tenían la costumbre de asesinar a las mujeres embarazadas para extraerles tales bujías del vientre (Ibíd.).

 

Las velas eran quemadas para alejar a las brujas. Han entrado en el Cristianismo por la Iglesia Católica u Ortodoxa (ver Frazer, Ibíd., i, p. 13).

 

La antigua práctica aria de prender los nuevos fuegos a partir de una fogata de campo, en las Pascuas Floridas, enviando una tea prendida a cada casa para iniciar el fuego a fin de alejar a los dioses del trueno y de la tempestad, ha continuado entre los alemanes. La práctica fue introducida en el Catolicismo como la vela o candela de las Pascuas Floridas. Esta vela gigante era prendida en las Pascuas Floridas (Easter), en la noche del sábado al domingo, antes del domingo de las Pascuas Floridas, y todas las velas de la iglesia eran enseguida prendidas a partir de ésta. Esto continuaba durante el año hasta las Pascuas Floridas siguientes, cuando una nueva candela de las Pascuas Floridas gigante era prendida.

 

La práctica de prender la vela parece tener lugar la noche antes del día del Sol y parece formar parte del antiguo sistema de la adoración del Sol. En el Templo, se quemaba incienso. Las velas no eran quemadas sino en el Menora.

 

Esta práctica de hacer fuegos con bujías finas o con velas era parecida a la de las Saturnales. Del Libro de Baruch 6:19 y sig., sabemos que la práctica de prender velas delante de los ídolos recubiertos de metales preciosos era babilónica. Ya trataremos de eso más en detalle en la sección sobre las Pascuas Floridas.

 

El Menora tenía siete ramas y Dios lo había ordenado para el Templo. En el Templo de Salomón, había diez mesas de siete velas que representaban el Consejo de los Elohím, del cual el Sanedrín era una copia. Un simbolismo místico se les da a las nueve ramas, pero no hay ninguna autoridad bíblica para ellas.

 

El Tiempo

 

Se decía que el tiempo durante los doce días de Navidad determinaría el tiempo del año siguiente.

 

Esto se basa en lo que parece ser una antigua forma de división zodiacal de dividir los doce días en cuatro cuadrantes de tres días cada uno. Era hecho en las Islas Británicas y se extendió por Europa occidental a través de Alemania y de la Austria germana.

 

A partir del tiempo que hacía en cada uno de los doce días, era posible de adivinar el tiempo para cada mes sucesivo del año. Se consideraba preciso y se aplicaba también al duodécimo día mismo, en donde el tiempo en cada hora determinaría el tiempo del mes correspondiente. Los días eran, por lo tanto, un sistema de adivinación de los aspectos agrícolas para el año que venía.

 

En Swabia, los días eran llamados los doce días del azar. Una adivinación más precisa era hecha construyendo doce círculos divididos en cuartos. Cada cuarto de círculo representaba un cuarto de mes. Estos eran dibujados en un papel y luego colgados sobre la puerta. A medida que pasaban cada uno de los doce días, desde la Navidad hasta la Epifanía, el tiempo de cada cuarto de día era achurado y el tiempo para ese cuarto quedaba determinado.

 

En Suiza, Alemania y Austria, era hecho de manera un poco diferente. Para la Navidad, el Año Nuevo o algún otro de los doce días, se cortaba una cebolla por la mitad, y luego se pelaban doce capas y se les echaba una pizca des sal. De la humedad que quedaba en ellas a la mañana siguiente, se creía posible poder determinar el tiempo para los doce meses del año.

 

Esto no estaba limitado a las tribus germánicas o a los teutones – se encontraba también en Francia y entre los celtas de la Bretaña y en Escocia.

 

En el Boscaje de Normandía, el tiempo para el año era adivinado a partir de los doce días. Era considerado más preciso que las predicciones del Doble-Alcornoque. En Bretaña Cornualles, los doce días eran determinados desde la Navidad hasta la Epifanía – o sea los seis últimos días de diciembre y los seis primeros de enero. En otras partes de Bretaña y en Escocia, los doce días eran determinados desde el 1º de enero. Eran conocidos en Bretaña como los gour-deziou o día machos. Se dice que eso significa los días complementarios o suplementarios. Este concepto nos lleva a otro antiguo concepto del calendario y a los cinco días adicionales del año.

 

De acuerdo con su almanaque, los escoceses determinaban el tiempo por el de los doce días a partir del último día de diciembre o el primer día de enero (según el lugar). Así, enero estaba determinado por el tiempo del 31 de diciembre y así seguido, como una regla infalible.

 

Los celtas de Escocia, como en Francia, están divididos en cuanto al comienzo de los días, es decir entre el 31 de diciembre o el 1º de enero. Frazer considera esto como un indicador importante del origen de las creencias (Ibíd., ix, p. 24).

 

Este concepto es muy antiguo y se encuentra entre los arios de la edad védica en India. Precede en varios siglos a Cristo.

 

Ellos también parecen tener unos días en medio del invierno investidos de un carácter sagrado como un tiempo en donde los tres Ribhus o genios de las estaciones se descansaron de sus labores en la casa del dios sol y llamaron estos doce días de descanso “una imagen o una copia del año” (Frazer, ix, p. 324-325).

 

Frazer sigue a A. Weber en esta explicación de las visiones comunes del Este y del Oeste (ver n. 3 a ix, p. 325).

 

El sistema era entonces un antiguo sistema de los arios, que conquistaron India a partir de las estepas gracias a la utilización de instrumentos de la edad del hierro y de caballos, cerca del año 1000 AEC.

 

Sus parientes trajeron los mismos festivales al oeste en Europa. Estos desplazamientos forman parte de la dispersión de los antiguos misterios del sistema babilónico que fue adoptado por los nómades Chamanes. Esta religión era el Animismo.

 

Los Antiguos Sistemas del Calendario

 

La división de los doce días vino del antiguo calendario ario, que estaba dividido según las fases de la Luna, y no del Sol. Las distintas lenguas arias designan al mes con el nombre correspondiente a la Luna.

 

Los días en el mes varían entre veintinueve y treinta, cada dos meses. Multiplicando cincuenta y nueve por seis, estos días no corresponden al año solar real, pues faltan casi doce días (once días y un cuarto).

 

Parece haber sido una intercalación para ajustar el año lunar al año solar y que era una perversión del verdadero sistema de intercalación adoptado por los israelitas, los asirio-babilonios y los greco-romanos. Esto, entonces, parece haber sido una perversión del Culto del Sol que data de los primeros días de los movimientos de las tribus del Medio Oriente. Los hetianos célticos, los primeros a desplazarse en Europa, aportaron el sistema con ellos y su puesta en aplicación corrompió la colonización siguiente, como consecuencia de los desplazamientos asirios y al movimiento de las hordas partianas y góticas.

 

Sabemos mucho más ahora a propósito del sistema de calendario utilizado en Europa y del solsticio de la mitad del invierno observado en Europa y en el Reino Unido. Los círculos fueron concebidos para determinar el solsticio exactamente el día de la mitad del invierno.

 

Los doce días eran distintos de los cinco días y parecen haber sido agregados de diversas maneras o combinados en regiones diferentes.

 

Parece que los cinco días suplementarios del año, que completan los 365 días, lo que es más que los 360 días considerados como un año normal, eran una creencia muy antigua y un sistema de práctica intercalaría donde, desde los mayas de Yucatán hasta las pirámides de Egipto, la gente los consideraba como inútiles para cualquier objetivo religioso o civil. Por lo tanto no hacían nada en esos días. Podría también haber tenido una basa para las prácticas. Los textos de las pirámides mencionan expresamente los cinco días, además del año constituido de doce meses de treinta días (Ibíd., p. 340). Los aztecas y el sistema americano, sin embargo, tienen dieciocho meses de veinte días y por lo tanto no siguieron el sistema lunar. A causa de sus valores matemáticos en las divisiones del calendario, los cinco días eran considerados inútiles y no eran objeto de ningún trabajo, y generaban un malestar general para la sociedad. No tenía nada que ver con al año profético hebraico de doce meses de treinta días, que es una idealización simbólica de las revoluciones reales del verdadero ciclo de intercalar de diecinueve años. Este simbolismo religioso y esta estructura están detallados en la Biblia.

 

La secuencia de los cinco días estaba relacionada con el calendario usado en los sistemas solares o de adoración del Sol. Los doce días eran un ajuste del lunar al solar que se uno esperaría encontrar en los sistemas más antiguos de Luna-Sol-Lucero de la Mañana, que eran comunes al momento del Éxodo (ver el estudio El Becerro de Oro [222]).

 

El dios Sol

 

El 25 de diciembre estaba también asociado a Mitra, puesto que él era el dios Sol.

 

Mario Righetti, el liturgista Católico (además de Duchesne y Cullman) consideraba que:

 

Después de la paz, la Iglesia Católica Romana, para facilitar la aceptación de la fe por las masas paganas, encontró cómodo instituir el 25 de diciembre como la fiesta del cumpleaños de Cristo, para distraerlas de la fiesta pagana celebrada el mismo día, en honor del “Sol Invencible”, Mitra, el conquistador de la oscuridad (n. 74, II, p. 67 cita también a Bscchiocchi, From Sabbath to Sunday, Pontifical Gregorian University Press, 1977, p. 260).

 

Así, Mitra era el dios del festival del solsticio del 25 de diciembre, que seguía inmediatamente a las Saturnales. Con esta deidad, vemos emerger en Roma a la adoración del día domingo.

 

Las dedicatorias a Mitra eran como Soli invicto Mitrae o el Sol Invencible – el Sol no Vencido, como Frazer lo nombra (p. 304). También se le mencionaba como Sol Invictus Elagabal en la forma pública de la religión.

 

El término Padre era un rango tenido por los sacerdotes de Mitra. El término estaba prohibido para los Cristianos (Mat. 23:9). Entró en el Cristianismo con los cultos del Misterio.

 

Lo que sucedió, en realidad, era que los calendarios originales del sistema romano comenzaban la semana el día sábado y estaban en uso en los primeros años de la era Agustiniana (27 AEC al 14 EC), después del descubrimiento del calendario de Nola (ver A. Degrassi, n. 26, p. 104; ver Bacchiocchi, Ibíd., p. 244). Esta estructura parece tener relación con el sistema de Mitra (como lo sabemos del epicúreo Celcus (c. 140-180 EC), donde el Sol ocupaba el lugar más elevado de la escala para subir por las siete puertas de la escala Mitraíca de Saturno al Sol. Eso es Chamanismo clásico y se practica por la religión animista en el mundo entero. En Contra Celsum de Origenes, 6, 21-22, vemos que Celsus hace la lista de los planetas en el orden inverso, para permitir que el Sol ocupe la séptima posición significativa.

 

Vemos aparecer este sistema más tarde como el simbolismo del octavo día en el sistema romano, para que la semana comience el día de Saturno o Saturday (sábado) y termine con el día del Sol o Sunday (domingo), que siempre ha sido un día feriado. La semana planetaria tampoco estaba en el orden aceptado de los planetas y la gente no podía explicar la diferencia (ver Complete Works de Plutarco, III, p. 230; ver Bacchiocchi, Ibíd., p. 246).

 

Así mismo, podemos ver las diferencias comparándolo con el Zigurat del sistema babilónico y los siete niveles de la subida hasta el dios de la Luna (ver el estudio El Becerro de Oro [222]).

 

La declaración de Tertuliano (Ad Nationes, 1, 13, ANF, III, p. 123), tienta de refutar la carga de la adoración del Sol. Tertuliano admite que en ese momento, los Cristianos habían comenzado a rezar en dirección del Este y que habían hecho del domingo un día de festividad. Él pone directamente la responsabilidad de la adoración del domingo en vez del día de Sábado en los cultos de la adoración del sol, donde dice que prefirieron su día al día precedente en la semana (es decir, al Sábado o sábado) (ver Bacchiocchi, p. 248-249). Sin embargo, en ese momento, ellos adoraban tanto el día domingo como el día del Sábado Cristiano.

 

Las oraciones al Este al Sol

 

Aparentemente, la oración en dirección del Este tiene su origen en la oración hacia Jerusalén, siendo esta la tradición de los ebionitas, como lo menciona Ireneo (Adv. Her., 1, 26, ANF, I, p. 352). En los tiempos de Clemente de Alejandría y de Origenes, vemos que la orientación es hacia la fuente de luz, que disipa la oscuridad de la noche, aunque Clemente menciona siempre los antiguos templos (Stromateis, 7, 7, 43, GCS, 3,32; ver Bacchiocchi, p. 255).

 

Bacchiocchi precisa que la asociación entre el domingo Cristiano y la veneración pagana del día del Sol no es explícita antes de los tiempos de Eusebius (Eusebio) (c. 260-340 EC). Aunque autores anteriores lo hayan asociado con la verdadera luz y el sol de la justicia, ninguna tentativa deliberada había sido hecha antes de Eusebius para justificar la observancia del domingo por medio del simbolismo del día del Sol (Ibíd., p. 261).

 

El proceso entró entonces al Cristianismo por el festival de diciembre que lo precedió y que estaba, al origen, derivado de la adoración de Saturno y de Opis en las Saturnales y de su asociación con la Virgen Celeste o diosa Madre y su niño pequeño.

 

Los evangelios no dicen nada respecto del día del nacimiento de Cristo y la primera Iglesia no lo celebró.

 

La tradición de celebrar el nacimiento de Cristo comenzó en Egipto, siendo derivado del culto de la diosa Madre, y los Cristianos lo celebraban allá el 6 de enero. En el siglo cuarto, la tradición estaba generalmente establecida al Este (Frazer, v, p. 304). La Iglesia Occidental no había reconocido nunca el 6 de enero como la verdadera fecha y, con el tiempo, su decisión fue aceptada por la Iglesia de Oriente. En Antioquia, este cambio no fue introducido antes de alrededor de 375 EC (Frazer, Ibíd.).

 

El origen de la práctica fue claramente registrada por los Cristianos sirios, como lo vemos por Frazer, citando a Credner y Momsen y también a Usener (v, p. 304-305).

 

La razón por la cual los padres transfirieron la celebración del seis de enero al veinticinco de diciembre es ésta: Era una tradición de los paganos el celebrar, en el mismo veinticinco de diciembre, el nacimiento del Sol, durante el cual prendían fogatas en signo de festividad. En estas solemnidades y festividades, los Cristianos también participaron. En consecuencia, cuando los doctores de la Iglesia percibieron que los Cristianos tenían una preferencia por este festival, tomaron consejo y resolvieron que la verdadera natividad debería ser celebrada ese día, y el festival de la Epifanía el seis de enero. En consecuencia, además de esta tradición, prevaleció la práctica de prender fuegos hasta el seis.

 

Así, las Saturnales llevaban al solsticio, en donde se daban regalos a los niños, a partir del 23 de diciembre o ahora la Víspera de Navidad, el 24 de diciembre en el calendario Gregoriano. Los ritos del solsticio reemplazaron entonces a las Saturnales originales, pero el período fue también alargado de tres a siete días, a los cuales se les agregaron los doce días.

 

Cuando contamos cinco días del 25 de diciembre, llegamos al 30 de diciembre, fecha a partir de la cual ciertos celtas y alemanes comienzan la cuenta. La adición del Día de San Esteban (o Boxing Day) hace que el período de cinco días vaya del 27 de diciembre al 1º de enero.

 

El origen pagano de la Navidad también es evidente con Agustín, cuando él exhorta a sus hermanos a no celebrar ese día solemne como los paganos a causa del Sol, sino a causa de Aquel que hizo al Sol (Agustín Serm., cxc, 1; en Migne Patriologia Latina, xxxviii, 1007). De la misma manera, León, llamado El Grande, hizo un llamado de atención sobre la creencia dañina de celebrar Navidad a causa del nacimiento del nuevo Sol y no por de la natividad de Cristo (Frazer, Ibíd.; ver Leo The Great Serm., xxii (xxi Al) 6 y Migne, liv, 198).

 

Sin embargo, en ese momento, era una causa desesperada. El sistema entero era endémico al Cristianismo y el culto de la diosa Madre estaba bien enraizado.

 

Frazer dice:

 

De esta manera, parece que la Iglesia Cristiana eligió celebrar el aniversario de su Fundador el veinticinco de diciembre para transferir a ese día, que fue llamado el Sol de la Justicia, la devoción de los paganos por el Sol (p. 305).

 

Hubo una teoría avanzada por un Monseñor Duchesne a propósito de que el 25 de diciembre resultó de la conformidad con el equinoccio del 25 de marzo, que era el día en el que Cristo fue muerto y también en el que Su madre concibió. Eso cava una fosa aun más profunda, porque el 25 de marzo fue, en efecto, inicialmente adoptado en África y en otras partes como la fecha de la crucifixión. Sin embargo, sólo era posible un domingo y un año en el que el 14 de Nisan hubiera caído un 25 de marzo. Eso destruía por lo tanto la teoría. Además, el 25 de marzo es asociado al festival del dios Attis, como Frazer lo indica en su nota al pie de la página 305. Lo examinaremos en la sección siguiente.

 

El Cabrío y el Oso

 

Durante los doce días, se veían también unos mimos actuar los roles de un cabrío y de un oso.

 

En las tierras altas de Escocia y de San Kilda, hasta la última mitad del siglo dieciocho, al menos un vaquero se arropaba con una piel de vaca, para la San Silvestre (la víspera del Año Nuevo). Los jóvenes se reunían a su alrededor y golpeaban la piel con unos palos, como a un tambor, e iban de casa en casa y el que llevaba la piel de vaca corría tres veces alrededor del deiseil, es decir imitando la rotación del sol. Era perseguido por la multitud que gritaba en gaélico:

 

Hagamos más ruido, golpeemos la piel (Frazer, viii, p. 323).

 

Iban así de casa en casa repitiendo los versos. Al entrar, pedían bendiciones para la casa y el ganado, sus piedras y maderas de construcción, sus productos alimentarios y su salud. Una parte de la piel era entonces quemada y aplicada en la nariz de cada persona y de cada animal doméstico para proteger a los habitantes contra las enfermedades y la desdicha durante el año nuevo. Este último día del año era llamado Hogmanay.

 

Cada una de las personas presentes, después de haber dicho la rima y que la Rann Callium o la Rima de Navidad hubiese sido repetida, entraba enseguida en la casa y se ofrecía un refresco. Generalmente, la cosa que era quemada, en lugar de la piel, era una Caseina-uchd, hecha con una banda de pecho de cordero (o de ciervo o de cabra) enrollada alrededor del extremo de una especie de bastón de hockey sobre pasto. Se quemaba ligeramente en el fuego y luego se le hacía pasar tres veces alrededor de la familia poniéndola bajo la nariz de cada uno. No se bebía nada antes de que finalizara esta ceremonia. Su objetivo era de proteger el hogar contra la brujería y la enfermedad. En la Isla de Man, se usaba una pluma de reyezuelo (viii, p. 324).

 

La tradición parece estar relacionada con una tradición más antigua que implicaba el sacrificio humano. Frazer nota que los khonds sacrificaban a una víctima humana como una divinidad, e iban de casa en casa en donde cada uno tomaba una reliquia de la persona sagrada (ver i, p. 246 y sig.). La piel de vaca reemplazó, sin dudas, a esta víctima. La comunión reemplazó el cuerpo y la sangre del dios.

 

Aunque estas costumbres pueden no tener una conexión con la agricultura, costumbres similares como la del Lunes de los Laboreos, ciertamente sí tienen una y las procesiones de hombres vestidos como animales, que vemos en Europa, se identifican probablemente con el espíritu del grano. Pueden tener algo que ver con la procesión Gilyak del oso y la procesión india de la serpiente (Ibíd.).

 

En estas procesiones (como en los últimos días del carnaval en Bohemia), un hombre era a menudo cubierto de la cabeza a los pies con paja de arvejas y envuelto con cuerdas hechas de paja (Frazer, Ibíd.). Esto se remonta hasta el hombre wicca en la antigua Gran Bretaña.

 

Estos festivales de la agricultura han sido relacionados tanto con el solsticio del medio del invierno como con el equinoccio de primavera – ambos anuncian el retorno del crecimiento, del calor y de la vida, por la potencia del sol, y del verano.

 

El hombre de Bohemia tiene por nombre Días Fastos u oso del Carnaval (Fastnachtsbär). Después de haber danzado en cada casa con las chicas, las sirvientas y la misma dueña de casa, se dirigen todos a la casa de la cerveza:

 

Pues en los Días Fastos, pero particularmente el Martes Fasto (Mardi Gras), todos deben danzar, para que el lino, las verduras y el grano prosperen (Frazer, viii, p. 326).

 

La paja del oso es puesta en los nidos de gallinas y gansos. El oso representa el espíritu de la fertilidad. El objetivo de la danza es de hacer fértil tanto al animal como al vegetal en todos los aspectos. En partes de Bohemia, esta persona no es llamada oso, sino cabrío de avena.

 

En la Lituania prusiana, en el Duodécimo día, un hombre es envuelto con paja de arveja para representar al oso y otro lo es con paja de avena para representar al cabrío. En Marburg, en Steiermark, los hombres aparecen ya sea como lobo o como oso (Frazer, Ibíd.).

 

El hombre que daba el último golpe era llamado Lobo. Guardaba el nombre de Lobo hasta la Navidad, día en que era envuelto con una piel de cabra y llevado de casa en casa, como un oso de arveja al cabo de una cuerda. Su ropaje de cabrío lo designa y parece asociar los símbolos del cabrío, del oso y del lobo con un antiguo ritual del espíritu del grano.

 

En Escandinavia, el espíritu del grano tenía a menudo la apariencia de un cabrío (Ibíd.). En Suecia, conducido con cuernos sobre la cabeza, personificaba al cabrío-Navidad. En ciertas partes de Suecia, encuentran pretextos para abatir al cabrío que vuelve a la vida (Ibíd., p. 327). Los dos hombres que lo abaten cantan versos que se refieren a las capas de variados colores, rojas, azules, blancas y amarillas, que le han puesto encima.

 

Después de la cena de la tarde de Navidad, la gente danza la “danza del ángel” para asegurar una buena cosecha. La paja de Navidad, de trigo o de centeno, es trabajada para parecerse a un cabrío y lanzada entre los danzantes al grito de atrapa el cabrío-Navidad. En Dalarne, es llamado el carnero-Navidad.

 

En Dinamarca y en Suecia, es común cocinar tartas finas para la Navidad en forma de cabríos, de carneros y de osos (Frazer, Ibíd., p. 328). Son hechas a menudo con el último fardo, al momento de la cosecha, y guardados hasta el momento de las semillas, cuando unas cuantas son mezcladas con los granos y otra parte es comida por las personas y los bueyes usados para los laboreos con la esperanza de garantizar una buena cosecha. Los puntos en común de las costumbres de las Islas Británicas, de Europa, de Escandinavia y del Este identifican más allá de toda duda la antigua práctica hecha para apaciguar al espíritu del grano y los antiguos dioses. La costumbre de parecer de cabrío y de oso es tan antigua como extendida.

 

El Oso de paja, personificado como se hacía desde siglos, fue encontrado en Wittlesy Cambridgeshire, en enero de 1909, por el profesor Moore Smith de la Universidad Sheffield, el día después del Lunes de los Laboreos (ver la carta del 13 de enero de 1909; ver Frazer, viii, p. 329).

 

El Lunes de los Laboreos es el primer lunes de enero después del Duodécimo día. Es incontestable que nos encontramos frente a un antiguo festival agrícola que tiene como objeto apaciguar a los antiguos dioses agrícolas en la secuencia de festivales del medio del invierno, que van de las Saturnales al día feriado del solsticio y a los doce días de la así llamada Navidad, y enseguida al festival de los laboreos del Lunes de los Laboreos y del Martes Fasto (Mardi Gras).

 

Parece haber estado asociado antes al sacrificio humano – quizás en cada uno de los tres aspectos o tal vez como festivales individuales.

 

En Inglaterra, el Lunes de los Laboreos estaba normalmente asociado a un equipo de hombres que actuaban como bueyes de laboreo, uno de ellos siendo disfrazado en vieja cabra llamada Bessy. Iban danzando y saltando, seguramente para hacer que el grano creciera tan alto como sus saltos. Era parecida a la práctica de los Osos-de-paja o cabríos-Navidad en el continente y en otros lugares del Reino Unido.

 

Las mismas prácticas se encuentran en Tracia y en Bulgaria en ese día, es decir, el lunes de la última semana del Carnaval. Un bailarín (el Kuker) es un hombre vestido con una piel de cabra. Otro bailarín (la Kukerica), disfrazado de vieja o baba con faldas, tiene su rostro ennegrecido.

 

Los osos son representados por perros envueltos en pieles de oso. Un simulacro de corte de justicia se establece con un rey y un juez y otros funcionarios. Las piezas actuadas por el Kuker y la Kukerica son escandalosas y lascivas.

 

Hacia el atardecer, dos personas son atadas a un arado y el Kuker labra unos surcos y siembra algunas semillas. Enseguida se saca su disfraz y se le paga por su trabajo.

 

La gente cree que la persona que actúa el papel del Kuker comete un pecado mortal; Los sacerdotes, también, hacen vanos esfuerzos para suprimir las costumbres. En el distrito de Losengrad, el Kuker tiene una tarta que contiene dinero y que él reparte entre los presentes. Si un granjero obtiene la pieza de moneda, la cosecha será buena; Si la obtiene un pastor, los tropeles serán buenos. El Kuker labra también la tierra simbólicamente oscilando de izquierda a derecha para imitar el maíz ondulando al viento. El hombre con la pieza de moneda es amarrado y halado por los pies sobre la tierra para acelerar la fertilidad de la tierra. Esta forma de tirar a la suerte es recordativa también del sacrificio de las Saturnales que vimos anteriormente.

 

En Bulgaria, la Anciana o la Madre es el personaje principal del festival. El papel es actuado por un hombre vestido como una mujer. El Kuker y la Kukerica son subalternos de la “Anciana”. Llevan máscaras fantásticas de cabezas humanas con cuernos de animales o cabezas de pájaros y pieles con un cinturón de corteza de tilo. Tienen sobre sus espaldas una joroba hecha con harapos. Este festival búlgaro, que se celebra el lunes de la última semana del Carnaval, se llama el Lunes del Queso. Sin embargo está asociado al festival de los Labrados.

 

Vienen a la mente de todos esos mismos rituales asociados con Europa occidental que consisten en dar vueltas alrededor de la casa y las bendiciones conferidas para la fertilidad de la aldea por la presencia de la “anciana”. Las incursiones de gente enmascarada de otra aldea eran vistas como una amenaza y un quitar de la fertilidad de la aldea. Tales incursiones eran resistidas.

 

Las similitudes entre la Anciana y el rostro negro de Deméter y sus dos ayudantes Plutón y Perséfone hacen que estén probablemente detrás de los orígenes de la tradición de los tres reyes, el negro Melchor representando a Deméter.

 

El festival Befana en Roma, la noche antes de la Epifanía, está claramente relacionada a este festival de Deméter y el termino Befana es, de toda evidencia, una corrupción de la palabra Epifanía. Claramente ella es una vieja bruja y el ruido de este festival está claramente asociado a una antigua tradición para purificar el sector de las malas influencias (ver también lo que sigue). Las mismas ceremonias que implican a Befana, fueron o son observadas en la Toscana, la Romaña y en otras partes de Italia, la víspera de la Epifanía (Frazer, ix, p. 167).

 

Frazer ve correctamente en la Anciana del sistema búlgaro y de Tracia una referencia a Deméter, la diosa-Madre del Grano, que bajo las apariencias de una vieja mujer aportaba la bendición a la casa de Celeos, el rey de Eleusis, y restauraba la fertilidad perdida a los campos eleusinianos en barbecho. El Kuker y la Kukerica, los mimos masculinos y femeninos, representan a Plutón y Perséfone. Estos rituales existen del Este al Oeste y representan el más antiguo de los festivales religiosos (Frazer, viii, p. 334-335). Estamos entonces directamente en el centro de los cultos eleusinianos del Misterio y relacionados con los mismos cultos del Misterio de los tiempos antiguos, del culto de Apolo al comienzo de Europa y de Dionisio y de los símbolos  agrícolas en el culto de la adoración del dios Sol. Los cultos del sacrificio de los toros también están implicados y vemos, por los tiempos de la dedicación de los toros sacrificados por los griegos en Magnesia, después de su dedicación al principio del sembrado, que tenemos una idea común del festival. Zeus es el asociado de Deméter y el producto final es el sacrificio del Toro a Zeus en el equivalente del mes de mayo.

 

El Leño de Navidad, el Acebo, la  Hiedra y el Muérdago

 

Los solsticios de verano y de invierno eran vistos como los dos grandes puntos importantes del año. Fogatas eran prendidas en ambos solsticios. Las fogatas de la mitad del verano eran prendidas en el exterior y los jóvenes saltaban por encima del fuego. Esta práctica ha sido encontrada entre los celtas en Irlanda, en Gran Bretaña y en Galia y también entre los africanos del Norte, en Marruecos y en los Montes Atlas. Su práctica es mucho más antigua que el Islam que también profesan.

 

La práctica de prender fuegos el primero de mayo  y para el Halloween (1º de noviembre), llamado el Día de Todos los Santos, se encontraba antes entre los paganos. La naturaleza asimétrica de estos festivales con el del solsticio debería ser notada. El Festival de Walpurgis, el último día de abril, es el Festival de la Combustión de las Brujas. Este tipo de festival también está asociado a los doce días entre la Navidad, el 25 de diciembre, y la Epifanía, el 6 de enero. Fogatas de resina de pino son prendidas esas noches para alejar a las brujas. Los fuegos son generalmente más grandes en la Duodécima Noche. En Silesia, la gente hace fogatas de resina de pino entre la Navidad y el Año Nuevo para ahuyentar a las brujas de las granjas. Era “el tiempo apropiado para la expulsión de las fuerzas de la oscuridad”. En la Víspera de Navidad y en la Víspera del Año Nuevo, se hacen disparos por encima de los campos y la gente envuelve con paja los árboles frutales para impedir que fuerzas del mal los dañen.

 

En Biggar, en el Lanarkshire, Reino Unido, la Víspera del Año Nuevo es el tiempo tradicional para esta fogata que ha sido prendida desde tiempos inmemoriales.

 

En 1644, nueve brujas de carne y hueso fueron quemadas en Leith Links, en Escocia (Frazer, ix, p. 165).

 

Fogatas son prendidas en el otoño, pero no son significativas. El festival de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre, ha estado tradicionalmente asociado al ruido y al tumulto y también a Befana en Roma. Tradicionalmente, implicaba asesinatos. El profesor Housman notó, cuando fue testigo del festival en Capri en 1897, que unos más de los ocho o diez habituales fueron asesinados (Frazer, x, p. 221).

 

Tradicionalmente, también se prenden fogatas en el solsticio de la mitad del invierno, el 25 de diciembre. La diferencia entre los fuegos de la mitad del verano y los de la mitad del invierno es que los fuegos de la mitad del invierno son prendidos al interior y que forman parte del ritual de la invocación del dios Sol a su lugar de supremacía en los cielos. Las fogatas de la mitad del invierno desarrollaron así una atmósfera más de grupo o de tipo familiar.

 

Hay quizás un significado en el hecho de que, en las Islas Shetland, las fiestas de Navidad comenzaban siete días antes de la Navidad y se terminaban en Antinmas, es decir el vigésimo cuarto día después de la Navidad.

 

Los habitantes de las Shetland nombran estas fiestas las Yules. Siete días antes de la Navidad, los duendes, llamados Trows por ellos, son liberados de sus casas subterráneas y permanecen en la superficie, si les da la gana. Es el origen probable del simbolismo de los duendes del Viejo Pascuero o Navideño (San Nicolás). Parece tener relación con el concepto de la anarquía de los siete días de las Saturnales que conducen al 25 de diciembre.

 

Lo más importante de los rituales de los Yules era el saneamiento, que debía ser correctamente efectuado para ocuparse de la gente gris, como los duendes eran llamados. Los mitos modernos salidos de los Estados Unidos en cuanto a los extraterrestres grises no son más que la reorganización de los duendes de los Yules.

 

El último día de las fiestas, el vigésimo cuarto día después de la Navidad, llamado up-helly-a o Uphalliday en las Shetland, las puertas se abrían todas y había muchas persecuciones pantomímicas para despejar la región de los duendes maliciosos. La gente leía piadosamente la Biblia y mostraba hierro con ostentación “pues es bien sabido que los duendes no pueden soportar la vista del hierro”. Los niños jóvenes eran cuidadosamente guardados y saneados por mujeres sabias y cultas. Sin duda, tenemos aquí el signo del ojo malvado, como una antigua tradición (ver también el estudio La Cruz - Sus Orígenes y Su Significación [039]). Al alba, después de la vigésimo cuarta noche, los trows o gente-gris habían desaparecido y los Yules se habían terminado.

 

Las costumbres de expulsar a las fuerzas malvadas y a las brujas, durante una noche especialmente elegida con ese objeto en el período del solsticio de invierno y de los festivales, pueden también ser retrotraídas desde Roma y Calabria en el sur, hasta las Islas Shetland en el norte. Pasan también por Irlanda y por las estepas y el norte de África.

 

El Leño

 

Sabemos que los alemanes quemaban el leño de Navidad, que era una antigua tradición, incluso en el siglo once. En 1184, el sacerdote de la parroquia de Ahlen, en el Münsterland, nota que trajo un árbol para prender el fuego festivo de la natividad del Señor (Frazer, x, p. 247). Se encontró en Gran Bretaña en el pasado y era común entre los teutones y aparentemente entre los celtas. John Brand es citado por Frazer como habiendo dicho que el leño de Navidad es una contrapartida de las fogatas de la mitad del verano, hecha al interior a causa del tiempo frío en el solsticio de invierno (Ibíd., n. 2). No era otra cosa que la aplicación al solsticio del 25 de diciembre, que era reservado para la adoración del Sol (Frazer, x, p. 246). Al quemar el leño, se ayudaba al Sol a volver a prender su sufrida lámpara. Todo el sistema de fuegos y velas en la Natividad delante de la Virgen Celeste es la antigua adoración de la diosa Madre y de su joven niño, el Sol. Las lámparas ayudan a prender el fuego celeste del Sol y es la idea de base detrás de la llama y su uso en el Zoroastrianismo.

 

Entre los grupos europeos, el leño de Navidad era también puesto sobre el fuego para alejar el trueno y los efectos de las tempestades. La relación es por lo tanto clara entre los antiguos dioses de los teutones del trueno, del relámpago y de la temperatura y el leño de Navidad al solsticio.

 

El Muérdago

 

El muérdago era sagrado en la religión de los Druidas. Los Druidas, que llegaron vía Egipto como Magos, fueron tomados por los milesianos en España, entre los gadelianos, antes que los escoto-milesianos se fueran para Irlanda. De ahí, se extendieron en Gran Bretaña y en Europa (MacGeohagen The History of Ireland (La Historia de Irlanda), Sadlier, NY, p. 42; ver Frazer, ii, p. 358, 362; xi, p. 76 y sig., 301).

 

Pliny (Natural History (Historia Natural), xvi, p. 249-251) deriva la palabra Druida de la palabra griega drus que significa roble. Sin embargo, también se parece mucho a la palabra en celta daur. Los Druidas son los sacerdotes del roble. Su culto entonces es antiguo y asociado a los bosques de robles. Otros eruditos prefieren derivar el nombre de la raíz que significa conocimiento o sabiduría – de ahí, eran brujos o magos. Eso viene también del título de Magos que llevaban (ver Frazer, xi, p. 76-77, n. 1 en p. 76).

 

El ciclo druídico del calendario era de treinta años y parece haber una relación común en su adoración con la de los boecianos quienes, como ellos, adoraban o hacían súplicas al roble. Así, ambos pueden tener una conexión aria común. El ciclo boeciano, en el festival del gran Daedala, era de sesenta años y no de treinta. Eso puede tener una aplicación con la práctica aria, observada entre los indios, del ciclo de sesenta años basado en el ciclo sideral de Júpiter.

 

El muérdago es cortado con una hoz de oro el primer o el sexto día de la Luna (Frazer, xi, p. 77-78). Está asociado a la fertilidad y se decía que hacía nacer mujeres estériles y animales estériles. Se pensaba que era caído del cielo y era llamado cúralo-todo (Frazer, xi, p. 77-79, 82). Dos toros blancos eran sacrificados cuando se cortaba con este fin, el sexto día. El sacerdote iba arropado con un vestido blanco. Era cortado el primer día de la Luna por los italianos y el sexto día por los Druidas. Esta diferencia es probablemente a causa del comienzo del mes lunar en los dos sistemas. Ninguno de ellos corta el muérdago con una herramienta de hierro. No debía tocar la tierra. En consecuencia, era recogido en un tejido blanco.

 

Los italianos creían que el muérdago que crecía en el roble tenía propiedades parecidas, si aceptamos lo que dice Pliny. Había entonces una creencia común en ambos sistemas.

 

Estamos, así, de nuevo, de regreso al sistema de la fertilidad de las Saturnales y de la cura de los Misterios y de Apolo, pero bajo una antigua forma común a los arios de antes del año 1000 AEC.

 

Este sistema era tan antiguo que era común incluso para los Ainus de Japón, que también lo consideraban sagrado. Sin embargo, usan el muérdago cortado de un sauce, porque este árbol es sagrado para ellos. Concuerdan con los Druidas (con respecto a sus propiedades curativas) y con los italianos (en relación con su poder de volver fértiles a las mujeres estériles) en sus creencias (Frazer, xi, p. 79).

 

Esta creencia se encuentra también entre los autóctonos de la Isla Mabuig en el Estrecho de Torres (Ibíd.). La creencia también se encuentra en África entre los Walos de Senegambia (Ibíd.).

 

La veneración del muérdago como un cúralo-todo se encuentra entre los campesinos suizos y entre los suecos (Ibíd., p. 82).

 

Se decía que el dios escandinavo Balder había sido matado por el muérdago y Frazer da un informe detallado sobre este asunto en su obra.

 

El muérdago era generalmente usado como remedio para la epilepsia y por las altas autoridades médicas en el Reino Unido y en Holanda, hasta el siglo dieciocho (Ibíd., p. 83, notando Ray del Reino Unido en 1700, Boerhaave de Holanda en 1720 y su estudiante Van Swieten en 1745).

 

El muérdago es considerado una protección contra el rayo y el fuego. Por consecuencia, también es asociado al sistema Yule (Frazer, xi, p. 85).

 

Era usado de manera más general en las fogatas del medio del verano y, en ese momento, estaba asociado con la muerte del dios Balder. Eso parece haber implicado, en ese entonces, reales sacrificios humanos en Dinamarca, Noruega y Suecia (Frazer, xi, p. 87). La práctica de arrojar al fuego de Beltane a la víctima escogida al azar y también el lobo verde de los fuegos del medio del verano, está asociada a este sistema de adoración, como espíritus del árbol o dioses de la vegetación (Ibíd., p. 88).

 

La adoración del muérdago está asociada directamente con el culto de la adoración del roble y era común a todos los arios. Los celtas de Asia Menor adoraban al bosque llamada Drynemetum, que es un término puramente céltico que significa Templo del Roble. Estos son los bosques que contenían también un falo y que la Biblia condena.

 

Entre los eslavos, el roble era el símbolo sagrado del gran dios Perun y está clasificado primero entre los árboles santos de los alemanes. Fue adorado por ellos antiguamente y algunas de esas prácticas y actitudes sobreviven aun hoy en día (Frazer, Ibíd., p. 89).

 

El roble también era sagrado para los italianos y la imagen de Júpiter sobre el Capitolio era al origen nada más que un roble natural. En Dodona, se adoró también a Zeus como siendo inmanente en el roble. Frazer concluye que los arios, incluyendo a los celtas, los alemanes y los lituanos, consideraban generalmente al roble como sagrado antes de su dispersión y este territorio común debió ser abundante en robles. El muérdago es simplemente su símbolo, como un aspecto enviado del cielo de la cura, de la protección y de la fertilidad.

 

El encendido del fuego sagrado, ya sea entre los celtas, los alemanes o los eslavos, se hace siempre con roble frotando dos palos juntos o frotando roble sobre una piedra gris (y no roja). Los mismos tipos de práctica en el encendido de las fogatas se encuentran desde Alemania hasta las regiones montañosas de Escocia (ver Frazer, xi, p. 91).

 

Frazer dice que el fuego perpetuo de Vesta, en Roma, era alimentado con madera de roble. Madera de roble ardió también en el fuego perpetuo delante del roble sagrado en Romove, Lituania. Unos bloques de roble son también quemados desde el solsticio del medio del invierno hasta el fin del año y reemplazados por leña nueva. Las cenizas son mezcladas con semillas, etc., para la fertilidad.

 

El vínculo común en todas estas historias es la combustión de los fuegos y el corte del muérdago. Los antiguos arios creían, como podemos deducirlo del mito de Balder, que el roble era el dios y que el muérdago que le estaba unido aseguraba su longevidad. El sacrificio humano en las fogatas del medio del verano aseguraba la vida de la cosecha. El uso del muérdago y del leño de Navidad en el solsticio del medio del invierno hacía pensar también al sacrificio del dios, representado por el hombre que tomaba su lugar, y al retorno del sistema del Sol. Es el simbolismo subyacente de la tradición de la Navidad (ver Frazer, xi, p. 93).

 

Mientras el muérdago permaneciera en el árbol, el dios o su reemplazante no podía ser herido. El corte del muérdago era tanto la señal como la causa de su muerte.

 

El acebo y la hiedra

 

El acebo y la hiedra representan, se dice, lo macho y la hembra. La hiedra se cuelga y se enrolla – representando supuestamente a la mujer. El acebo es espinoso y recto – representando supuestamente al macho.

 

En Inglaterra, en Surrey, un árbol de acebo es usado para pasar un niño por una grieta para sanar la ruptura, mientras que en otras partes habitualmente es un fresno (Frazer, xi, p. 169, n. 2).

 

El roble de acebo era sagrado para los Frates Arvales o Hermanos de los Campos Labrados. Era una universidad romana de doce sacerdotes que efectuaban ritos religiosos públicos con objetivos agrícolas. Llevaban coronas de mazorcas de maíz. Sus sacrificios eran hechos en el bosque de la diosa Dia, a más o menos cinco millas de Roma, en la orilla del Tibre. Este bosque contenía laureles y robles de acebo. Era tan sagrado que se ofrecían sacrificios expiatorios cada vez que un árbol o incluso una rama de un árbol caía al suelo. Era evidente que esto podía suceder con la aparición de la nieve y de las tempestades del solsticio de invierno. De ahí también el concepto del acebo y de la Navidad Blanca. Sacrificios más elaborados debían efectuarse cuando uno de los árboles era golpeado por un rayo. Entonces eran desenterrados desde las raíces, cortados y quemados y otros se plantaban en su lugar. En el festival romano del Parilia, que se hacía por el bienestar del ganado, los campesinos rogaban por el perdón, si entraban en un bosque sagrado o se sentaban bajo un árbol sagrado o cortaban una rama de acebo para alimentar a las ovejas (ver Frazer, ii, p. 123).

 

Pliny dice que los bosques eran antaño los templos de las deidades y que incluso en sus tiempos, los campesinos consagraban un gran árbol a un dios con el ritual de los tiempos antiguos (Natural History de Pliny, xii, p. 3).

 

La hiedra es el símbolo de los cultos del Misterio. Es mascado por aquellos que participan en la fiesta de Bacanaliano, que está identificada con el dios Dionisio o Baccus.

 

La hiedra era usada por los griegos como uno de los dos palos para el fuego. La plancha del par estaba hecha de una planta parásita o trepadora que normalmente era la hiedra. La barrena era de habitud el laurel. El roble también se usaba como barrena.

 

Los antiguos indios usaron un parásito (la higuera trepadora) como barrena, utilizando el parásito como el concepto macho. Los griegos parecen haber  invertido este concepto. La hiedra es considerada hembra y el laurel macho. Sin embargo, en griego, la palabra para hiedra es masculina y la hiedra era identificada antiguamente con el dios macho Dionisio. La palabra para laurel es femenina y era identificada con una nymph. Podemos por lo tanto concluir que los griegos, como los indios, consideraron los conceptos de la misma manera en una época muy antigua, pero los modificaron a lo mejor por oportunismo (Frazer, ii, p. 251-252).

 

Antiguamente, estaba prohibido tocar o nombrar la hiedra (Frazer, iii, p. 13 y sig.). La hiedra también era sagrada para el dios Attis y, de ahí, llegamos entonces al pino que también era sagrado para este dios (ver Frazer, v, p. 278) y ver el estudio La Cruz - Sus Orígenes y Su Significación [039]).

 

La hiedra también era sagrada para el dios Osiris (Frazer, vi, p. 112) y también para los sueños (Ibíd., x, p. 242). Vemos así puntos comunes con el sistema del dios Trino y los cultos del Misterio en general que están relacionados naturalmente con el sistema del solsticio y la adoración del Sol. El acebo y la hiedra son entonces también los símbolos del roble y de otros bosques consagrados a las deidades y que están tan condenados por la Biblia.

 

El Árbol de Navidad

 

El pino decorado proviene directamente de los cultos del Misterio y de la adoración del dios Attis. Se pretende que era un hombre que se convirtió en árbol y, de ahí, es la encarnación del antiguo espíritu del árbol que encontramos en la antigua mitología india o hindú tan antigua como Harappa y Mohenjo Daro. Claramente, es un dios de la fertilidad del grano y lleva un gorro frigiano como Mitra (de la estatua en el Lateran; Frazer, v, p. 279).

 

Llevar al interior el pino decorado con bandas violetas y de lana, es como llevar al interior el árbol de mayo o el árbol de verano en la costumbre moderna. La esfinge, que estaba amarrada al árbol, era una duplicata  representando al dios Attis. Estaba guardado tradicionalmente hasta el año siguiente cuando era quemado (Firmicus Maternus De errore profanarum religiorum; ver Frazer, v, p. 227 y n. 2).

 

La intención original de esta tradición era de mantener el espíritu de la vegetación intacto durante el año que venía. Los frigianos adoraban el pino por sobre todo y es de esa región que sacamos los Misterios y el sistema de Mitra. Es probablemente sagrado para los cultos por el hecho de que es un árbol de hojas persistentes durante el período del solsticio abarcando una gran región, cuando otros árboles están deshojados. Recuerde también que la resina de pino era quemada en los festivales del solsticio. Los orígenes están perdidos en la antigüedad del sistema asirio-babilónico.

 

La apariencia al dios Attis fue cambiada por el símbolo del Sol, como el ostenta torio en la cima del árbol, y luego por ángeles y otros tipos de decoraciones. Las decoraciones son fácilmente identificables con el Sol, la Luna y las estrellas del sistema Trino de los babilonios, como Sin, Ishtar y Shamash o Isis, Osiris y Horus de los egipcios (ver el estudio El Becerro de Oro [222]).

 

La hiedra también era sagrada para Attis y sus sacerdotes eunucos estaban tatuados con el símbolo de la hoja de hiedra (Frazer, v, p. 278).

 

Los piñones del pino eran usados para producir un vino usado en los ritos orgiásticos de Cibela que eran, de hecho, las contrapartidas de las orgías dionisíacas, y Strabo las comparó (Strabo, x, 3. 12 y sig.).

 

En el festival de Tesmoforia, eran arrojados con cerdos y otros agentes o emblemas de fertilidad en las cuevas sagradas de Deméter con el objetivo de aumentar la fertilidad de la tierra y de las mujeres (Frazer, v, p. 278). Estamos, entonces, nuevamente de vuelta a los festivales de Deméter y los aspectos que continuaron y que están, en general, asociados con la Navidad en Europa, como ya lo hemos visto.

 

La Epifanía

 

El término Epifanía significa la manifestación, como la aparición de un ser divino o sobrehumano. Le fue aplicado a Antioco IV Epifanes, el rey de Siria (175-164 AEC).

 

También se la ha conocido como: el dies luminum (el día de las luces), el día de los tres reyes o el duodécimo día. Todos estos han sido tratados anteriormente. Las prácticas asociadas a este día son todas derivadas de fuentes antiguas que hemos examinado en este texto y no tienen prácticamente nada que ver con la fe.

 

El nombre sobrevive al gran festival de Befana en Roma (ver Catholic Encyclopedia, art. Epiphany, Robert Appleton, NY, 1909, Vol. V, p. 504). La CE dice:

 

Es difícil de decir cuan estrechamente la práctica entonces observada de comprar todo tipo de imágenes de porcelana, combinadas con pitos y representando un cierto modo de vida romana, debe ser conectada con la tradición, más bien parecida, de moda durante el festival de las Saturnales de diciembre (Ibíd.).

 

Es poco difícil de identificar. Las prácticas eran las mismas y el término es aplicado a la manifestación de Befana como diosa, como lo vemos aquí arriba. Las tentativas de ubicar la referencia con Hipólito con relación al Sacramento del Bautismo son incorrectas, puesto que él usa el término theophaneia, y no epiphania (ibid.).

 

La primera referencia sustantiva está en Clemente (Stromateis, I, xxi, p. 45). La CE cita este texto como sigue y continúa enseguida diciendo:

 

“De igual manera, hay aquellos que asignan muy curiosamente al Nacimiento de nuestro Salvador no solamente su año, sino también su día, que dicen es el 25 Pachon (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto. Pero los discípulos de Basilides celebran el día de su bautismo también, pasando la noche precedente leyendo. Y dicen que era el 15º día del mes de Tybi del 15º año de Cesar Tiberio. Y algunos dicen que fue observado el 11 del mismo mes” Ahora, el 15 y el 11 de Tybi son el 10 y el 6 de enero

 

Tanto la Iglesia Católica como la Iglesia Ortodoxa tratan de extraer de esta práctica de los Gnósticos, bajo Basilides (que enseñó en Roma en la mitad del siglo dos), un apoyo para la celebración de la Natividad, así como del bautismo de Cristo, pero no hay ninguna prueba real para esta conjetura. La evidencia de los festivales mismos indica que la práctica era el antiguo festival de la fertilidad y de la bendición de los productos alimentarios. De ahí nacieron las  prácticas de bendecir las aguas y de arrojar crucifijos en el mar para hacerlas más productivas para los pescadores. Todas estas prácticas están basadas en el paganismo antiguo y no eran evidentes en el Cristianismo antes del siglo cuarto. Esta adición fue hecha mucho después de los escritos de Orígenes en el siglo tres, pues no hace mención alguna a la Epifanía en su lista de festivales. La primera referencia a la Epifanía, como una festividad de la Iglesia, data de 361 (ver CE, p. 505).

 

De San Nicolás al Viejo Navideño

 

El Viejo Navideño (o Viejo Pascuero) es una invención más bien reciente y es un producto reciente del mercantilismo americano. Está derivado principalmente del folclore alemán y holandés. Tiene sus orígenes en la entidad conocida como San Nicolás.

 

El hombre conocido habitualmente como San Nicolás es Nicolás de Myra, en Licia. Murió el 6 de diciembre de 345 o 352 (Catholic Encyclopedia, Vol. XI, p. 63). Es popular tanto en la Iglesia griega como en la latina, pero hay pocas cosas ciertas en lo que le concierne, excepto que era obispo de Myra en el siglo cuarto (Ibíd., p. 64). Nació en Parara, Licia, Asia Menor. En su juventud, hizo un peregrinaje a Egipto y Palestina. A su regreso, fue consagrado obispo de Myra y fue hecho prisionero durante la persecución de Diocleciano. Fue liberado luego del ascenso de Constantino. Los Católicos argumentan que estuvo presente en Nícea, pero su nombre no aparece en ningún registro, como lo admiten ellos mismos (Ibíd.).

 

En 1087, unos comerciantes italianos robaron su cuerpo en Myra y lo llevaron a Bari. Su culto, en Italia, data de ese momento. Parece que esto pudo haber sido incitado por un culto que se estaba desarrollando sobre él en Europa. Los numerosos milagros que se le atribuyen son la consecuencia de una larga tradición, pero, como lo veremos, mucho de eso tiene orígenes paganos que tienen poco que ver con el hombre original.

 

Su culto en la Iglesia griega es antiguo y es particularmente importante en la Iglesia rusa, a pesar de ser muy posteriores a él (c. 1000 EC). El emperador Justiniano I construyó una iglesia en su honor en Constantinopla y su nombre aparece en la liturgia atribuida a Juan Crisóstomo (Ibíd.).

 

En Europa, su culto comenzó en los tiempos de Otto II, cuya esposa Teófano era griega. El obispo Reginald de Eichstadt (m. 991) escribió una métrica titulada la Vita S. Nicholai. Es o era honorado como un santo patrón en Grecia, en Rusia, en el reino de Nápoles, en Sicilia, en Loraina, en el diócesis de Lieja y en muchas ciudades en Italia, Alemania, Austria, Bélgica, en Campen, Holanda, en Corfú, Grecia, en Friburgo, Suiza y en Moscú, Rusia (Ibíd.). Era el patrón de los marinos, de los comerciantes, de los banqueros y de los niños.

 

Sus reliquias están aun preservadas en la iglesia de San Nicolás, en Bari. Se dice que una sustancia aceitosa, conocida como Manna di San Nicola, exuda de sus reliquias. Es estimada por sus cualidades medicinales. Su relación con los festivales del 5 y 6 de diciembre es examinada a continuación.

 

Una leyenda que le está asociada tiene relación con la formación de tres bolas de oro, hechas con su salario de un año. Estas bolas habrían sido lanzadas por la ventana de una familia indigente bien nacida, durante varios años. La primera bola habría aterrizado supuestamente en una calceta (de ahí viene la calceta de Navidad). Eso permitía a los destinatarios indigentes casar a sus hijas. La última vez, supuestamente se le habría visto. Sin duda